George W. Bush, muy emocionado, escogió por su parte la carta de Abraham Lincoln en 1864 a una viuda que había perdido cinco hijos en la guerra civil, Lydia Bixby. Para consolarla, el presidente le escribió que los sacrificados estarían en “el altar de la libertad”.
Finalmente el gobernador de Nueva Jersey leyó una poesía de Mary Lee Hall (”For my sake turn again to life and smile”) (Por mí, vuelve a la vida y a la sonrisa),
Testimonios de enorme tristeza en la lectura de los nombres y el sentimiento de los familiares de las víctimas a los que se permitió -por primera vez- el acceso al Memorial una vez que Obama y Bush se retiraron.
Barack Obama y Michelle, y George W. Bush y Laura, presidentes y primeras damas en momentos críticos de Estados Unidos, habrán tenido un momento con muchas emociones contrapuestas.
Bush, la del horror y pánico que hubo en su entorno aquella mañana. Obama, la enorme presión que rodeó el asalto a la guarida secreta de Bin Laden en Pakistán. Y por supuesto los dos presidentes y sus mujeres no habrán podido olvidar las escenas más dramáticas de quienes se tiraron al vacío. En los bordes de los dos estanques figuran en bronce los nombres del total de las 2.983 víctimas que murieron en Nueva York, Washington y Pensilvania y los seis fallecidos en el ataque al World Trade Center en 1993.

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